Sharanagati

Collected words from talks of Swami Tirtha




Ajamila

Pregunta de Maha Vishnu: Una historia cuenta cómo un buen hombre no realizaba ninguna práctica espiritual y sin embargo su hijo ha sido nombrado con uno de los nombres del Dios y a la hora de la muerte este buen hombre llamó a su hijo por su nombre y así pudo alcanzar el universo espiritual. En el mismo tiempo nuestros maestros nos enseñan que debemos cantar mantras en dieciséis rondas a diario durante toda la vida y tampoco ello resultaría insuficiente para alcanzar la esfera espiritual ya que algunos afirman que necesitamos tres vidas como mínimo. ¿Cómo podemos armonizar todo esto? Suena bastante contradictorio.

Tirtha Maharaj: La historia original es algo diferente, ya que el buen hombre era un

Paka-bramin o sea un bramin de primera clase en principio. Por lo tanto más tarde, en razón de mala comunicación casi llegó a perder sus virtudes Sin embargo, pudo guardar algo y en especial dio a su hijo el nombre del Dios. Al final de su vida, por amor paterno gritó a voces el nombre de su hijo: “Na-ra-ya-na!” y tuvo que abandonar su cuerpo. Y como ya sabéis, al abandonar vuestro cuerpo, encontraréis a ciertos seres vivos. En acuerdo con las tendencias generales de vuestra vida, encontraréis a seres oscuros o a seres luminosos. Nuestro buen hombre había pecado en su vida y tenía pecados de cualquier tipo – grandes, mayores y también los mayores. De modo que con estos tres tipos de actividades suyas el buen hombre llamó a tres seres oscuros, tres mensajeros oscuros. Ellos llegaron para arrastrarlo al lugar conveniente para los pecadores. Por lo tanto su última palabra pronunciada era

“Na-ra-ya-na”, palabra de cuatro sílabas. Con estas cuatro sílabas él logró a llamar a cuatro mensajeros luminosos. Cuatro son más que tres. Entonces ellos se pusieron a regatear por el alma del buen hombre.Los mensajeros oscuros clamaban: “¡ Es nuestro! Mirad cómo ha vivido su vida, ha cometido todos los posibles pecados, ha perdido todas sus virtudes y por lo tanto debe venir con nosotros.” Entonces los mensajeros luminosos se opusieron: “¿Por qué habéis venido? ¿Por qué entráis aquí? Aquí no tenéis nada que hacer. Este buen hombre es casto.” “¿ Casto? ¿ Cómo que es casto? Pero si él vive con una prostituta, ha robado los bienes de su madre y de su padre, ha hecho todas las posibles necedades.” “Que no, porque pronunció el nombre del Dios.”

En fin de cuenta, como no llegaron a acuerdo, no pudieron juzgar adónde debían llevarlo – hacia arriba o hacia abajo. Por esto decidieron: “Bueno, vamos a darle una oportunidad más.” El buen hombre no murió en aquel entonces sino que volvió a la vida. Volvió a recobrar su estado normal de la mente, recobró conocimiento.

¡Ni siquiera podéis superar ni vencer la muerte por medio del nombre santo! Ni podréis reparar por medio del nombre santo todos los errores posibles e imaginables.

La muerte es un momento bastante intenso. A la hora de la muerte nos enfrentamos a la realidad, no cabe duda en ello. ¿Pero y por qué debemos esperar el instante de la muerte? Si podemos recobrar el estado normal de nuestra mente ahora, cantando y recitando mantras ahora mismo, mientras estemos en vida, ¿por qué y para qué esperar hasta el último omento?

Todo es empezar y cuando empecéis una vez, habiendo alcanzado el sabor superior, ya no podéis parar y abandonar. Para una vida, para tres vidas, para la eternidad – no importa.

Una vez alguien me había planteado una pregunta a la que no pude dar respuesta. Por esta razón me he dirigido con la misma pregunta a una autoridad superior. Dije: “Maharaj, yo tengo una pregunta. Alguien me ha afirmado que el nombre santo había llegado a darle sabor amargo en la boca. Y la respuesta fue lacónica. Me dijo:” No ha sido el nombre santo “Así pues podéis juzgar – si llegáis a percibir un sabor algo amargo, todavía no es el nombre santo. La percepción de algún ruido, puede ser el nombre santo pero sin armonizar. Por lo tanto, se en realidad es el nombre santo, llevará milagrosos efectos y resultados.

En la vida de Chaitanya Mahaprabhu ocurrió lo mismo. Se dice que él ha sido persona muy sensible y emotiva. Govinda, Su asistente personal, Le prestaba cuidados. Siempre trataba de apaciguarlo y siempre le decía: “Ah, amado Dios mío, no llores.”Estas palabras siempre tenían efecto y Mahaprabhu dejaba de llorar. Le gustaba satisfacer a sus devotos dedicados. Siempre cuando se Le pedía que no llorase, dejaba de llorar. Por lo tanto en aquella época de Mahaprabhu la gente llevaba vida social. .Al igual que lo que pasa aquí como lo estoy observando – encontráis a otra gente, salís a cenar, establecéis contactos.

Numerosas personas visitaban a Mahaprabhu, por ejemplo Ramananda Raya, Svarupa Damodara, los gosvamis, otros grandes devotos dedicados. También eran sensibles, llegaban a sentir las emociones de Mahaprabhu. Con sólo algunos versos citados de la escritura Shrimad Bhagavatam” Mahaprabhu ya se sentía apesadumbrado y se ponía a llorar. Los visitantes dedicados Le hacían recordar lilas y El inmediatamente perdía su temple.

Entonces a su vez Govinda se ponía triste: “Yo estoy tratando de calmarlo mientras que ellos vienen y Le están apesadumbrando ¡¿Pro qué comportamiento es éste!? ¿Acaso Todos ellos se me oponen? ¡Vaya los buenos visitantes, Dios mío!”
De tal modo Mahaprabhu trataba de satisfacer a todos los bhakta. Siempre cuando alguien Le decía: „ ¡Llora!” El rompía en llanto. Cuando alguien otro Le decía: „¡No llores!” El no lloraba. Debéis ser delicados como lo era El. .



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