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Sharanagati

Collected words from talks of Swami Tirtha




(Conferencia de B.K.Tirtha Maharaj, el 26.11.2006, Sofía)

A Krishna no le interesa lo que Le entregáis ya que de todos modos todo Le pertenece. Por lo tanto, lo que queréis preservar como vuestro propio patrimonio despierta Su interés. ¿Qué pasa? Varias veces hemos debatido ya la historia de cómo Krishna es Makhanchor,  ladrón que se apropia de la mantequilla. El roba la mantequilla  de las reservas almacenadas por Madre Yashoda pero esto no le parece suficiente  y visita también a los vecinos para apropiarse de sus víveres. Podemos hablar detalladamente de la historia pero concentremos por ahora nuestro pensamiento en la esencia.
Las vecinas preocupadas se lamentan diciendo a la Madre Yashoda: “He aquí que tu chaval viene a nuestras casas y roba nuestra mantequilla.” Entonces Yashoda prueba  a regañar  a Krishna: “¿Porqué vas a las casas vecinas? Tenemos aquí mantequilla  suficiente para Ti. Sabes ya que en nuestra casa toda la mantequilla  es para Ti.” Por lo tanto a Krishna no está  satisfecho con la mantequilla que se preserva para él. El quiere  apropiarse de la mantequilla que queda disimulada, la que se esconde y que los gopis pretenden guardar „por su propio uso” como quien dice. Y ya hemos acordado que la mantequilla constituye la esencia del reino animal.  Los animales por su parte constituyen  la esencia de la vida pastoril. ¡La mantequilla es pues la esencia misma de la vida! Ellos quieren guardarla y esconderla para preservarla. Pero vendrá Krishna y va a apropiársela.
De modo que ¡poned atención! Krishna es ladrón de mantequilla. Aun si queréis preservar algo de  mantequilla, si queréis esconder la esencia de vuestra vida, El vendrá y se la quitará. ¡Más vale dársela, entregarla para El! Porque perderemos de todos modos lo que no entregamos. Al contrario, dando y entregando perdemos únicamente un apego.
A la madre se recomienda que logre a ver en la persona de  Krishna su propio hijo. O  ver en la persona de Radha una hija, si es que  tiene  hija. Por medio del hijo o de la hija vais a guardar el  apego o la afición por Krishna. Nuestra actitud debe ser: Dios ha venido a mí por medio de esta persona. Es por ello que el esposo es el dios de la familia. Sin embargo, ¡la esposa es la diosa en la familia! ¿Quién es más poderoso  –  el dios o la diosa? No entraremos en demasiados detalles, juzgadlo solos.
Si actuamos con esta actitud – si tratamos a la persona a nuestro lado como es debido tratar a un dios – esto sí que es un nivel totalmente distinto de comunicación entre los humanos. Pero entonces nos damos cuenta:   “Está bien pero mi hijo no se comporta como un dios.” O estamos conscientes   de que  “El dios de mi casa, mi esposo, no tiene razón, ¡no se conforma al estándar!” Vamos, es asunto suyo lo que os importa es tener la justa visión. Negarnos, renunciar  del apego, de la afición y del cariño que sentimos para con otra gente – es una dura faena. Por lo tanto, gracias a Dios, nosotros continuamos siguiendo el camino de la afección. Porque si  sólo continuamos renunciando, entonces ser bhakti sería para nosotros  una amargura. Por lo tanto todos afirman que ser bhakti es dulzura. Dulzura, pero ¿cómo? ¿Cuál es la razón de esta dulzura? Es la afición, es el cariño. Es el raga, raga bhakti, es el acto de entregarse con  afición y cariño. Pues si tenemos un apego, si sentimos afición por algo superior o supremo,  nos  resultará más  fácil renunciar de una relación de tipo inferior. Si podéis subir en un Mercedes, fácilmente os olvidaréis del bicicleta. Bueno, este ejemplo no es muy exacto porque  más vale bajarnos del coche   Mercedes y montar en bicicleta – es más correcto desde el punto de vista de la moral o de la ecología – pero ya creo que entendéis lo que tengo en vista.
Pues si tenéis una mejor oportunidad, si vuestro criterio de sabor  es superior,  resultará mucho más fácil abandonar todo lo que sea inferior. Se ha dicho en el “Gita”: “Para  renunciar de un sabor inferior te hace falta echar un vistazo  y saborear una mínima partícula de lo que es superior.”
De modo que no debéis renunciar de vuestros apegos y aficiones; debéis trasladarlos. Trasladarlos desde un ser humano mortal dirigiéndolos a Dios. Entonces, ¿cómo podemos ser cuidadosos, cómo podemos  ser compasivos sin estar apegados, sin ser aficionados?  Aquí reside el arte de la vida familial. Cumplir con los deberes sin esperar algo en contrapartida. Es duro. Por lo tanto, vosotras, las madres sabéis algo de ello. Podéis  hacerlo si os apartáis un poco, si os quedáis algo al lado de la situación. Si estáis  ensimismadas por completo, si os olvidáis de vosotras mismas en lo que estáis  haciendo, entonces todo resulta más duro todavía. Pero con distanciaros un poco, podéis  ver el cuadro entero. Entonces estaréis  ya listas y prevenidas – cuidáis  y criáis  al hijo, limpiamos sus nalgas pero al cabo de veinte años el hijo os dirá: “No, mamá, basta ya. De aquí en adelante  voy a seguir mi propio camino.” Y a pesar de todo esto, ¿qué es lo que debéis  hacer ahora? Seguir limpiando  las nalgas. No hay problema. Nuestro ideal es de llegar a ser humildes servidores. Y si la vida me da la oportunidad de llegar a ser humilde servidor – ¿acaso hay algo malo en ello?
Realzando el nivel de nuestra conciencia podemos lograr a cumplir mejor. De modo que debéis dar libertad. ¿Queréis libertad para vosotros mismos? La libertad nos hace falta, la necesitamos. Nos hemos dedicado, nos hemos consagrado a la obra  por supuesto, pero lo hemos hecho por nuestro libre albedrío, voluntariamente: “¡Es que quiero hacerlo!” Ansiamos esta libertad de elección, ¿no es cierto? Por esto debemos proporcionar libertad a los demás. Lo que queréis para vosotros mismos, debéis asegurarlo para los otros.
La afición traerá consigo el sufrimiento, el amor traerá el dolor. Se trata de matemáticas divinas. Se trata de una ecuación.
Os ruego pues de cultivar y apreciar lo que tenéis porque es un tesoro.



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